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lunes, 29 de septiembre de 2014

Aniversario 68 de Héctor Lavoe - Incluye videos documentales

Este 30 de septiembre se cumplen 68 años del nacimiento en Ponce, Puerto Rico, del “Cantante de los cantantes”, el más emblemático salsero de todos los tiempos, que se destacó por sus grandes dotes artísticas a la vez que vivió un triste calvario por su adicción a las drogas y su tendencia a vivir en un mundo sórdido, del cual solo pudo salir en un ataúd. 
Pero al llamado “Coquí de Puerto Rico” hay que recordarlo sobre todo por lo que hizo en los escenarios y estudios de grabación. Aquí les presentamos su biografía escrita y un documental dividido en siete partes con los testimonios de las grandes figuras de la salsa y sus más cercanos familiares.
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Así lucía Héctor Lavoe en sus comienzos
Héctor Juan Pérez Martínez nació en Ponce, 30 de septiembre de 1946  y falleció en Nueva York, 29 de junio de 1993, más conocido como Héctor Lavoe, fue un cantante de salsa puertorriqueño, cuya personalidad, estilo y cualidades de su voz lo llevaron a una exitosa carrera artística en el ámbito musical de la música latina y salsera durante los años setenta y ochenta.
La limpieza y brillo de su voz aunada a una dicción impecable y la cualidad para cantar fraseos extensos y rápidos con total naturalidad, lo hicieron uno de los cantantes favoritos del público latino.
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LOS GRANDES ÉXITOS DE HÉCTOR LAVOE 
SE DIFRUTAN SIEMPRE EN LA TROJA. 
Principal: Calle 74 con Carrera 44, 
 LA TROJA DE LA 8, Carrera 8 con Calle 44 
y LA TROJA VIP, Calle 79 No. 43B - 38
Barranquilla, Colombia
Héctor Juan Pérez Martínez (uno de ocho hijos), nació en el seno de una familia humilde en Ponce (Puerto Rico). Era hijo de Francisca Martínez (Panchita) y de Luis Pérez (Lucho). A los tres años de edad perdió a su madre, lo cual sería el primero de muchos golpes en la vida del cantante. Su padre, quien tocaba la guitarra con tríos y orquestas locales dio instrucción musical a su hijo, y lo matriculó en la Escuela de Música Juan Morel Campos; tenía el sueño de ver a Héctor convertido en un gran saxofonista. Aunque Lavoe aprendió los fundamentos de música, pronto perdió interés en el instrumento. Sentía que lo suyo era cantar.
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Héctor Lavoe, en la carátula de 
“El malo, Vol. II", con Willie Colón
Cuando era joven, Héctor pasó gran parte de su tiempo escuchando música jíbara y popular. Sus cantantes favoritos eran Chuito El de Bayamón, Odilio González, Roberto Faz y Daniel Santos, cuyas voces y estilos imitó. Otros cantantes que influyeron enormemente en Héctor fueron: Cheo Feliciano, Ismael Rivera, y la clara voz de Ismael Quintana.
A la edad de 14 años, era el cantante en una banda en Puerto Rico. Le pagaban dieciocho dólares por noche, lo que en 1960 era un buen sueldo para un joven.
Héctor soñaba con cantar en Nueva York y hacer fama y fortuna. Su padre estaba totalmente en contra de la idea, porque el hermano mayor de Héctor había emigrado hacia allá y murió en un accidente. Contra los deseos de su padre, Héctor llegó a Nueva York el 3 de mayo de 1963 a la edad de 16 años. Se mudó con su hermana mayor Priscilla. Su primera impresión de la ciudad, la cual consideraba como un lugar espléndido en la Tierra, fue decepcionante, al ver en la parte latina los edificios descuidados y las calles llenas de basura.
Sus primeros trabajos después de su llegada fueron como pintor, maletero, mensajero y conserje. Su amigo de la infancia, Roberto García, que vivía en Nueva York, lo invitó a asistir a un ensayo de un sexteto que se estaba formando. El vocalista cantaba «Tus ojos» y no estaba haciendo un buen trabajo, así que Héctor le sugirió que lo intentara de otra manera. Héctor cantó la melodía para que el cantante pudiera hacer los ajustes necesarios y la banda lo asimiló inmediatamente como su cantante principal.5
Más tarde se conectó con Russell Cohen, director de la New Yorker Band con la cual en 1965 grabó su primer sencillo de 45 rpm: «Está de bala». 
PRIMERA GRABACIÓN DE HÉCTOR LAVOE EN 1965 
CON "LA NEW YORKER BAND" DE RUSSELL COHEN
Comenzó a tocar con bandas como la de Francisco Bastar Kako y sus All Stars, a través del cual conoció a su padrino artístico Johnny Pacheco, que inmediatamente reconoció su talento artístico y, poco después se lo recomienda a Willie Colón para la grabación de su primer disco El malo (1967).
Etapa como cantante de la orquesta de Willie Colón (1967-1974)
Entre 1967 y 1973, Lavoe se convirtió en el cantante de la Orquesta de Willie Colón, con quien grabó un total de nueve discos.
Willie Colón era un músico joven que estaba tocando jazz latino y boogaloo. En 1967 tenía listo su primer álbum para Fania Records y a Johnny Pacheco no le gustó el cantante de esa orquesta y propuso a Héctor Lavoe para que lo sustituyera. Para aquel entonces Colón era considerado un joven músico de propuestas interesantes pero con mal sonido. Pacheco ya estaba al tanto de la voz de Héctor, su enunciación impecable y sus habilidades estilísticas.
En un principio Lavoe no estaba interesado en grabar con Colón, ya que consideraba que esa agrupación tenía muchas fallas y alimentaba la esperanza de ser llamado por alguna de las orquestas más importantes del momento. Considerando que su pasantía por esa orquesta sería corta, se negó a participar en las portadas de los dos primeros álbumes.
En el verano de 1967 salió al mercado su primer trabajo discográfico llamado El malo y en 1968 se edita The Hustler el segundo álbum de Lavoe. Para aquel entonces, Lavoe es el vínculo de la orquesta de Colón con lo caribeño y poseía una voz melodiosa de tenor pero áspera y con timbre nasal. Lavoe no cantaba en inglés por lo que Willie Colón decidió aprovechar el potencial que brindaba el cantante para decantarse definitivamente hacia la música latina afroantillana.
Al año siguiente (1968) se edita Guisando, el primer disco donde Lavoe comparte créditos con Colón y aparece en la portada. Guisando es el primer disco de salsa de la pareja donde los ritmos se acercan a la guaracha, el son, la guajira y el guaguancó con fusiones atrevidas e ingeniosas proponiendo un estilo agresivo e irreverente de hacer música. Destacan los temas «Guisando», «No me den candela» y «Te están buscando», con letras que abordan con humor historias de carteristas o ladrones que son perseguidos por la policía y temas universales como la envidia, la maldad, el chisme y la santería donde se siente los anhelos de felicidad de la diáspora boricua discriminada en la ciudad de New York.
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LA MEJOR SALSA DEL MUNDO
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Durante 1968 Lavoe inició una relación sentimental con Carmen Castro. Castro quedó embarazada, pero se negó a casarse con él porque lo consideraba un mujeriego. El primer hijo de Lavoe, José Alberto Pérez nació el 30 de octubre de 1968. Cuando José fue bautizado, Héctor recibió una llamada informándole de que Nilda Puchi Román (con quien también tuvo una relación) estaba embarazada. El segundo hijo de Héctor, Héctor Jr. nació el 25 de septiembre de 1969. Después de esto, la pareja se casó, y tras una petición de su esposa, Lavoe hubo de mantenerse alejado de su primer hijo y la madre de este.
La hegemonía de Willie Colón y Héctor Lavoe se consolidó a fines de 1969 con el lanzamiento de Cosa Nuestra cuyo título hace referencia a la expresión italiana «Cosa nostra» y sus implicaciones en el mundo de la mafia.
La pareja consolida con la portada del disco y las letras de las canciones su imagen de «chicos malos», a pesar de que nunca incitaron a la juventud a cometer delitos; simplemente realizaban pequeñas crónicas de la vida en los barrios y comunidades latinas de Nueva York. Los temas más destacados fueron: «Che Che Colé», «Te conozco», «Tú no puedes conmigo», «Sangrigorda» y «Ausencia» que fue uno de los boleros más radiados de la época. El éxito de este disco se afincó en un repertorio de carácter urbano y popular y en las vocalizaciones afinadas, sabrosas y sentimentales de Héctor Lavoe.
Héctor Lavoe buscaba darle a sus canciones el toque propio de su país natal, Puerto Rico, y lograr que se identificara con esta nueva música que estaba tocando, que ya era salsa, pero todavía no había sido bautizada como tal. Colón estaba ensayando una fusión entre múltiples ritmos afro-antillanos, junto con el jazz estadounidense en los acordes de los trombones. Todo esto le daba un toque bastante agresivo a sus composiciones, lo cual se complementaba perfectamente con el estilo de cantar de Lavoe, que era callejero y desafiante.
Para 1970 esta amalgama entre música urbana, salsa y folklore cobra relevancia en el disco Asalto navideño, que evoca el sentir religioso y patriótico de las fiestas navideñas, combinado con el efecto de la parranda de ir de casa en casa con cánticos.
En este álbum el maestro Yomo Toro hace alardes de su virtuosismo dando un aire puertorriqueño a gran parte de los temas. La canción más popular de este disco fue «La murga», con su contagioso ritmo y la potente y afinada voz de Héctor, que comienza hacer gala de soneos e improvisaciones inolvidables cuando en el solo de trombón dice: «Guapea Willie Colón… El diablo».
El éxito de estos álbumes transformó significativamente las vidas tanto de Colón y de Lavoe. La banda de Colón ofreció un crudo y agresivo sonido de trombones que fue bien recibido por los fanáticos de la salsa y Lavoe complementa el estilo con su voz articulada, talento para la improvisación y sentido del humor. Héctor recibió un reconocimiento inmediato, trabajo estable, y el dinero suficiente para proporcionarse un cómodo estilo de vida. De acuerdo a Lavoe, todo pasó tan rápido que no sabía cómo lidiar con el éxito repentino.
La carrera artística de Héctor Lavoe continuó con la publicación de su sexto trabajo con Colón La gran fuga 1971, de donde se desprendió el inolvidable tema «Panameña» y donde Lavoe, en el «puente» de la canción, que se detiene por un instante, improvisa: «La salsa de Puerto Rico… El aguinaldo» y los trombones junto al sinuoso piano del profesor Joe Torres crean una explosión de sabor.
Su éxito era tal que constantemente eran contratados por toda Latinoamérica para presentarse ante multitudes. Los trombones se volvieron el instrumento más típico de la salsa, algo que funcionó muy bien para este binomio salsero. Sin embargo, Lavoe comenzó a consumir drogas, a llegar tarde a los conciertos y a llevar una vida de excesos que comenzó a hacer mella en su indiscutible talento.
Desde su época con Willie Colón se hizo adicto a las drogas y comenzó a incumplir sus compromisos artísticos. Tuvo que someterse a varias rehabilitaciones.
Luego de seis producciones para el sello Fania y con una propuesta musical en plena evolución, Lavoe junto a Colón lanzó al mercado El juicio (1972). El álbum cosechó éxitos inmediatos tales como: «Piraña» del Tite Curet Alonso, donde Lavoe despliega todo su potencial vocal y estilo lleno de frases populares con doble sentido, que muestran el carácter pendenciero que caracterizó al cantante en varios pasajes de su vida. Otros temas destacados fueron «Soñando despierto» y el bolero «Seguiré sin ti» que Lavoe canta con una forma vocal retardada con un estilo entre apasionado y sentimental. En el número de apertura Ah, Ah/O-No la voz de Héctor es evasiva y traviesa demostrando su juego vocal de palabras y astucia rítmica.
Lo mato (1973) fue el trabajo culminante de la trayectoria artística de la pareja cuando ambos se encontraban en la plenitud de sus facultades creativas. Willie Colón compone algunas de las mejores canciones de su carrera. Temas como «El día de suerte», «Todo tiene su final» y «Calle luna calle sol», son referencia obligada en el repertorio del cancionero musical salsero, engalanadas por la voz de Héctor llena de alma y poesía, demostrando su impecable fraseo y contagioso sentido del humor. Este álbum cuenta la historia de dos jóvenes artistas que estaban más que preparados para conquistar el mundo musical.
En 1974 Lavoe participa en el primer disco solista de Willie Colón The good, the bad, the ugly, (El bueno, el malo y el feo) interpretando tres canciones.
Este último trabajo marcó la separación de la pareja que se materializa en 1974. En un principio Lavoe se sintió traicionado y no comprendió las razones, en una época en que estaban en el cenit de sus carreras. Lavoe dependía mucho de Colón y la retirada de su amigo le causó inseguridades y una sensación de abandono. Sin embargo años más tarde, se dio cuenta que separar sus carreras había resultado un acierto y el sello Fania se benefició de los resultados posteriores ya que sus futuras producciones resultaron muy exitosas. A pesar de esta separación, Lavoe siguió contando con la colaboración de Willie Colón en la producción de varios de sus álbumes como solista.
A mediados de los años setenta el sello Fania decidió dar apoyo a sus cantantes de mayor éxito dotándolos de orquestas propias. Para el lanzamiento de Héctor Lavoe se preparó una banda donde a la línea de trombones se agregaron dos trompetas. La sección rítmica era idéntica a la empleada con Willie Colón y en el piano estuvo Mark Dimond, un viejo conocido que los había acompañado en sus primeros álbumes. Los arreglos estuvieron a cargo de José Febles y el propio Colón quien continuaba en los coros junto a Rubén Blades. Con esta agrupación Lavoe inició su carrera como solista, donde lanzando el álbum titulado La Voz (1975), en cuya portada aparece una foto del cantante que es clásica.
Este disco fue un éxito total y sus ventas alcanzaron disco de oro en poco tiempo. Las canciones destacadas fueron: «Rompe, Saragüey», un clásico de los años cincuenta totalmente modernizado, donde Dimond ejecuta un elegante e ingenioso solo de piano de dos minutos y medio; «El todopoderoso», escrita por el venezolano Pedro María Perucho Torcat, y el himno escrito por Johnny Pacheco «Mi gente», que fue un tema insignia en las presentaciones en vivo que Lavoe realizaba con la Fania All Stars. En este álbum Lavoe demuestra su versatilidad como cantante interpretando tres piezas que son todo un clásico del bolero de los años 70: «Tus ojos», «Emborráchame de amor» y «Un amor de la calle», mostrando una elevada sensibilidad y una facilidad innata para interpretar este género musical.
Al año siguiente Lavoe lanzó su segundo álbum como solista llamado De ti depende (1976), producido por Willie Colón y arreglos de Luis Perico Ortiz, Louie Ramírez y José Febles. En este álbum Lavoe vuelve a apostar por los boleros como parte importante del repertorio, al punto que el álbum toma el nombre de uno de ellos y además Lavoe interpreta el tema «Consejo de oro», un viejo tango modernizado, y «Tanto como ayer». Pero los temas que sobresalen por su carácter salsero son: «Vamos a reír un poco», donde muestra sus habilidades como sonero, y «Hacha y machete», una especie de autohomenaje donde la dupla Lavoe-Colón entona: «De frente vamos a demostrar/que lo nuestro/no fue un golpe de suerte. Somos hacha y machete/y esa es la verdad». Mención especial para el tema de Tite Curet Alonso, «Periódico de ayer», un clásico que se convirtió en un éxito radial en Latinoamérica y la cuenca del Caribe.
Hubo de pasar dos años para que Héctor Lavoe completara su trilogía luego de su lanzamiento como solista. Los dos álbumes anteriores habían sido éxitos instantáneos y había que apelar a algo importante si se pretendía continuar con la línea ascendente del cantante. Willie Colón contactó con Rubén Blades quien se encontraba trabajando en una composición para él, sin embargo aceptó cederla a Héctor y, «El cantante» se convirtió en el tema que marcó pauta en el tercer disco de Lavoe titulado: Comedia (1978).
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MANUSCRITO ORIGINAL DE "EL CANTANTE", DE PUÑO
Y LETRA DE SU AUTOR, RUBÉN BLADES. 
En El cantante se combinan unos arreglos de cuerdas, arpa y piano que colorean decorativamente el lamento de Lavoe semejando al artista que debe aparentar alegría en tanto lo embarga un gran dolor. Lavoe representa en forma magistral ese personaje que describe la vida entre dulce y agria y donde se establece la ironía del artista como figura trágica, excelentemente ilustrada en la caratula del disco donde viste un traje y la apariencia de Charles Chaplin.
En este álbum también tuvieron gran repercusión los temas: «Bandolera», una equilibrada mezcla entre la experiencia vocal de Lavoe y un arreglo orquestal con solo de piano que personifica la vieja escuela de la salsa, y «Sóngoro cosongo», un son montuno que pinta una danza tribal en la barriada, con letra de un poema del cubano de Nicolás Guillén. Lavoe continúa introduciendo boleros que muestran la profundidad y emocionalidad de su voz, se trata de los temas: «Porque te conocí» y «Comedia».
En esta época, las presentaciones en vivo de Lavoe no obtuvieron los resultados esperados no solo por sus problemas de drogas que le impedían cumplir con responsabilidad las fechas y horas previstas, sino porque los números bailables que por lo general eran canciones que sobrepasaban los seis minutos, tenían un carácter extenuante. Todo esto causó cierto desgaste y la sobreexposición del artista. Lavoe cayó en un cuadro de profunda depresión y desapareció de sus actuaciones en vivo por un período prolongado, siendo sometido a periodos de rehabilitación.
En 1979 Lavoe edita el álbum: Recordando a Felipe Pirela, compuesto por canciones que hicieron famoso al cantante venezolano. Héctor siempre admiró a este cantante que paradójicamente tuvo un destino trágico al morir en Puerto Rico siendo bastante joven. Para esa época la disquera Fania comenzaba a sufrir los embates de la crisis de la salsa y en lugar de otorgar al cantante temas inéditos, se deslizaron por un camino seguro, haciendo versiones de boleros ya populares.
El disco logró buena aceptación y ventas, sin embargo a nivel artístico constituyó un punto de inflexión en la carrera ascendente del cantante cuyo fuerte siempre fue la improvisación en los “soneos” y su forma de encarar la salsa bailable. Carlos Francetti, Jorge Calandrelli y Luis Cruz, tuvieron a su cargo los arreglos musicales y entre los temas escogidos pueden mencionarse: «Vieja carta», «El retrato de mamá». «Pobre del pobre» y «Sombras nada más». Para quienes no conocieron estos boleros en la voz de Felipe Pirela este disco pudo haber sido un gran descubrimiento.
A fin de año se edita el tercer disco navideño de Héctor: Feliz Navidad 1979, que por su carácter se graba solo para ser vendido en esas fechas. A pesar de algunas canciones jocosas como: «Joven contra viejo» (grabada con Daniel Santos), «Montserrat», «Una pena en Navidad» y «Dame un chance», el disco ―cuya portada fue catalogada de ridícula por All Music― no tuvo mayor trascendencia.
Héctor Lavoe regresa a la salsa bailable con su sexto álbum de estudio como solista, El sabio (1980), con canciones que sin ser éxitos rotundos tuvieron cierta popularidad entre ellas: «El sabio», «Noche de farra» y el bolero «Plazos traicioneros», que había sido grabado por Celia Cruz y Willie Colón en 1977.
Además participó en los álbumes grabados por la Fania All Stars Commitment (1980), con el tema «Ublabadú», que resultó un éxito instantáneo en las emisoras latinas de radio, y el tema «Semilla del amor», del álbum Latin Connection (1981), cuyo arreglo sinfónico estuvo a cargo del colombiano Francisco Zumaque.
SEMILLAS DE AMOR, TEMA POCO CONOCIDO, CON ARREGLOS SINFÓNICOS DEL MAESTRO COLOMBIANO FRANCISCO "PACHO" ZUMAQUÉ
En su séptimo álbum como solista, Qué sentimiento (1981), Willie Colón se separa de la producción del disco, y es el propio cantante quien se encarga de ello. José Febles y Louie Ramírez actuaron como co directores musicales.
El repertorio escogido, los arreglos y hasta la caratula del álbum marcan el regreso del cantante a los niveles artísticos de sus tres primeros trabajos como solista. Los temas: «Soy vagabundo», «No hay quien te aguante» y «Amor soñado», parecieron haber estado hechos a la medida del artista. La Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE) de Nueva York entrega a Lavoe un reconocimiento a la excelencia por este disco.
Para 1983, cuando se lanza Vigilante, la carrera de Lavoe estaba en un punto incierto debido a su comportamiento errático y su desesperante relación con las drogas. Fania decide darle un empuje al juntarlo nuevamente con Willie Colón quien canta en solitario uno de los cuatro temas del disco y deliberadamente toma un rol secundario, dejando que sea su venerado compadre el que brille. La música del álbum, aderezada por una portada que muestra una pistola humeante con tres casquillos de bala, apela a la nostalgia del dúo, que encabezó la Explosión Salsera del primer lustro de los 70, pero con un sonido más actualizado.
El álbum arranca con el éxito «Triste y vacía», con Héctor en plenitud de formas y un coro ampliado narrando la historia de una mujer marcada por la traición y la mala suerte. «Juanito Alimaña», de Tite Curet Alonso, fue el sencillo promocionar que rápidamente escaló los primeros lugares en la radiodifusión. Este tema se convirtió en una especie de himno que retrata la vida de un matón de barrio que tiene impunidad, por sus relaciones con la policía y por eso los vecinos no pueden delatarlo cuando comete sus fechorías. Otro de los temas considerablemente largos es: «Pasé la noche fumando» donde Lavoe y Colón conjugan sus voces en una especie de lamento que personifica un hombre que pasa la noche en un bar bebiendo y fumando para tratar de olvidar la pérdida del amor de su vida.
El álbum Vigilante tiene su propia aura y brillo particular. Si bien no funcionó como la banda sonora que estaba destinada a ser, el álbum cumplió su misión de poner a Héctor Lavoe de vuelta en carrera con dos poderosos éxitos.19
En 1984, Johnny Pacheco compuso para Lavoe la canción «El rey de la puntualidad», que se incluyó en el álbum Lo que pide la gente (de Fania All Stars). Era una descripción cómica de la incapacidad de Héctor por llegar a tiempo a sus presentaciones.
Grabado en 1985 en medio de la debacle de Fania Records Jerry Masucci produce uno de los álbumes menos interesantes de la discografía de Héctor Lavoe: Reventó. Lavoe no estaba contento con su carrera y su inestabilidad emocional encendió un comportamiento impredecible. A pesar de que el disco se intentó promocionar por diversos medios ninguna canción estuvo a la altura de sus grandes éxitos anteriores y pasó desapercibido a pesar de un solo de piano de Richie Ray en el tema «Cáncer» y del tema «Fama», escrito por Lavoe, que relata la triste crónica de una fatalidad anunciada y gestada pocos años después: «No tengo amigos/y si un amor fácil lo consigo/así de fácil lo he de perder/Mi madre dijo: no creas ser un gran tenorio/pararás en un sanatorio y allí la fama habrás de perder».
A fines de 1986 Héctor regresó a las ondas radiales pegando fuerte con la composición «Plato de segunda mesa», de Tite Curet Alonso, incluida en su disco Strikes back (1987), producido por Willie Colón. Strikes back, coincide con la debacle de la salsa tradicional pero fue reconocido con una nominación al Grammy. Con el lanzamiento de Strikes back, distribuido durante el periodo de mayor efervescencia de la «salsa cosmética», Lavoe siguió fiel a la tradición de la rítmica y la narrativa salsera.
DOCUMENTAL EN SIETE PARTES SOBRE LA VIDA DE HÉCTOR LAVOE












lunes, 22 de septiembre de 2014

Cómo influyó Héctor Lavoe en lo que hoy es La Troja - Incluye videos

El próximo 30 de septiembre se celebra un año más del nacimiento de Héctor juan Pérez, el gran Héctor Lavoe. En la siguiente crónica, publicada en la Revista Latitud, de El Heraldo de Barranquilla, en agosto de 2011, Edwin "Guayacán" Madera, Manager General de La Troja, cuenta cómo fue que "El Coquí de Puerto Rico", "El cantante de los cantantes", influyó en la estructuración de lo que hoy es el estadero de salsa más popular del caribe antillano. 
"Héctor Lavoe me lavó el cerebro y los oídos": Edwin "Guayacán" Madera
Por Juan Carlos Rueda Gómez – Especial para El Heraldo
Habla con un tumbao muy difícil de ubicar con exactitud en la extMnsa geografía del Gran Caribe Antillano, porque es una mezcla de expresiones y sabores verbales, con una pisca de su Cereté natal, una gran porción de cubanía, unas onzas de puertorricura y una aromática y particular sazón de curramberidad.
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Edwin "Guayacán" Madera, ante la placa que consagra
a La Troja como el primer estadero de salsa declarado
Patrimonio Cultural Musical de Barranquilla.
En síntesis, un bacán, en toda la extensión de la palabra. Quien no lo conozca fácilmente puede pensar que Edwin Guayacán Madera Velásquez es un director de orquesta o comentarista radial de música.
Fue en el precarnaval de 1966 cuando comenzó la historia de La Troja, este emblemático lugar, no solo de Barranquilla sino del Caribe colombiano, declarado Patrimonio Cultural de la ciudad. Ese año, un grupo de jóvenes de la clase alta barranquillera, cansados de la decadencia en que estaban los tradicionales night clubs del barrio La Ceiba, como el Place Pigalle, El Palo de Oro, La Charanga y El Molino Rojo, entre otros, donde hasta entonces se divertían, decidieron rumbearse las fiestas en una especie de choza ubicada en un altillo, en la carrera 46, entre calles 70 y 72, en inmediaciones de los tradicionales restaurantes Mi Vaquita, El Toro Sentao y Doña Maruja, hoy desaparecidos.
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Edwin "Guayacán" Madera con los periodistas
Antonio Morales y Juan Carlos Rueda.
Jorge López, mesero del Country Club, fue contratado para que los atendiera en ese remedo de palco, el primero de que se tenga conocimiento en la historia del Carnaval, frente al cual pasó la Batalla de Flores de ese año. Aunque no pusieron un aviso en la pared, sí lo hicieron en un pequeño cuadrado de cemento fresco donde todos estamparon su firma y su huella como acto de fundación, debajo del denominativo que mejor describía el aspecto del lugar: La Troja. No imaginaron nunca que hoy día haya miles de amantes de la salsa que se autodenominan trojeros y trojeras.
Aunque el grupo de rumberos le dejó el sitio a López para que lo explotara a cambio de que los atendiera de vez en cuando, a él no le gustó ese ambiente, y prefirió volver a los pomposos salones de club, dejándolo en manos de su paisana de Cereté doña Zunilda Velásquez de Madera, quien unos años antes había llegado a la ciudad con sus pequeños hijos y se dedicaba a repartir almuerzos a los albañiles de las construcciones del barrio Boston.
Uno de los niños de doña Zunilda era Edwin, que a pesar de solo tener diez años de edad, le ayudaba en su nuevo negocio, que pasó de ser cantina de niños bien, los fines de semana, a floreciente expendio de fritos, y chicha de arroz y de maíz.
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Personajes del teatro como Darío Moreau, director de
 "Ay, Macondo", disfrutan en La Troja como cualquier parroquiano.
Al poco tiempo consiguieron un pequeño equipo de sonido de cuatro tubos, y empezaron a vender cerveza a ritmo de vallenatos, porros, boleros y hasta tangos, según eran de diversos los gustos de la clientela. Fue la época en que el narrador Antonio Borja Suárez y otros compañeros que trabajaban en Emisoras ABC, ubicada en la esquina de la 70 con 46, bautizaron el lugar con el nombre de Quiosquito ABC. Los domingos, doña Zunilda amplificaba los partidos del Junior narrados por Édgar Perea y el negocio se llenaba con los aficionados que no podían entrar al estadio.
“La vaina iba bien, mi hermano, recuerda Edwin nostálgico. Hasta mediados de los setenta la cosa mejoraba cada día y yo le metía el hombro con mi mamá y mis hermanos, pero cuando empezó la bonanza marimbera, cuadro, se nos empezó a llenar el negocio de atarbanes que amenazaban con no pagar la cuenta si no poníamos solo vallenatos de tal o cual artista. Muchas veces hacían tiros al aire y alardeaban con sus camionetas, haciendo chirrear las llantas. Eso me hizo alejarme del vallenato, no por la música en sí, sino por la gente que llegaba a oírla a nuestro sitio. Pero aguantamos hasta comienzos de los ochenta.
Vea, mi llave, para ese entonces fue que el brother Héctor Lavoe me lavó el cerebro y los oídos. Cuando veía a mi mamá embelesada oyéndolo cantar en ritmo de salsa, La verdad, ese vallenato de Freddy Molina que yo había conocido en la voz de Alfredo Gutiérrez, empecé a descubrirle otra dimensión a la música.
Y la apertura definitiva del panorama de mi sabor salsero fue el 6 de agosto de 1980, cuando mi viejita linda me llevó a ver el concierto de la Fania All Stars y Tito Nieves con el Conjunto Clásico en el Estadio Romelio Martínez. Allí actuaron todos los duros de la salsa, pero las antenas de mi corazón estuvieron dirigidas al Cantante de los Cantantes. Al poco tiempo, en 1981, murió mi vieja, y entonces tomé la decisión de cambiarle el rumbo a mi vida y al negocio que ella me dejó. Saqué de la discoteca todo lo que no fuera salsa y amarré un bulto que alguien se llevó, y me quedé con 33 elepés.
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El famoso mago Gustavo Lorgia no se pierde el goce
salsero de La Troja cada vez que viene a Barranquilla.
Mandé a hacer un aviso con letras amarillas y fondo verde y le puse: La Troja, el mejor ambiente salsero. Para empaparme del tema me iba todos los días al estadero El Taboga, que considero ha sido mi universidad. El dueño era un señor santandereano, don Samuel Gutiérrez, y lo atendía su hijo Eduardo. Allí conocí a los mejores discjockeys de toda la historia, César Hernández y Luciano Barraza. Ellos fueron mis directores de tesis salsera”.
Por La Troja han desfilado todos los cantantes colombianos del género salsa, y para los soneros extranjeros que llegan a la ciudad es de rigor la visita al lugar. Muchos de ellos han cantado sobre la pista de sus propias canciones. Lo testimonia la galería fotográfica. Durante treinta años se fue creando esa armónica atmósfera democrática que siempre ha identificado a La Troja.
Es quizá el único lugar al que los de clase alta no temen ir y los de otros estratos sociales tienen como una de sus grandes aspiraciones lúdicas, porque es el sitio donde pueden codearse con políticos, empresarios, escritores, poetas, periodistas, gobernantes y catedráticos, sin que haya en el ambiente algún tipo de discriminación o segregación. Cualquier día uno puede estar al lado del alcalde Alejandro Char o del gobernador Eduardo Verano, de las diseñadoras Tina Newman y Judy Hazbún o del exalcalde de Bogotá Lucho Garzón.
“Pero como dice Héctor Lavoe, todo tiene su final”, apunta Edwin, parafraseando a su ídolo. El 1 de julio de 1996, al cumplir treinta años de actividades, tuvimos que mudarnos por fuerza mayor, y nos despedimos de la 46 con un concierto que llamamos Primer Festival de Soneros, en el que actuaron Jairo Licazalle, Saulo Sánchez, Tico Stevenson, Jaime Pico Pico Villanueva y El Halcón, presentado por Rodolfo Espinoza Brugés.
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Mauricio "Mao" Meléndez, izquierda y Danny "Saoko" Tinoco, 
derecha, son dos baluartes de la Organización Musical La Troja, 
que forman un gran equipo con Edwin "Guayacán" Madera.
Enseguida, el 5 de julio, abrimos en la esquina de la carrera 44 con calle 74, presentando otro concierto con el Grupo Raíces, La Barriada y Son 5. Desde entonces hemos estado aquí, luchando por darles gusto a los amantes de la salsa. Aquí continuamos con las actividades de El Goce de lo nuestro, en época de precarnaval y carnaval, que comenzamos en la vieja sede. Consiste en darle espacio a los ritmos autóctonos, combinado con actividades académicas o talleres didácticos en los que han participado estudiosos como Cristóbal Díaz Ayala, cubano- puertorriqueño; Julio Oñate Martínez, Laurian Puerta, Erasmo Padilla, Édgard Rey Sinning, Jaime Abello Banfi y muchos coleccionistas que han contribuido a preservar nuestras raíces.
En la parte musical han estado Joe Arroyo, Los Corraleros de Majagual, el Sexteto Tabalá, Totó La Momposina, Aníbal Velásquez, Lisandro Mesa, Adolfo Echeverría y muchos más. Lo hacemos para que esto no sea simplemente una fábrica de borrachos, como muchos otros sitios.
Ahora, Edwin Guayacán Madera se prepara para celebrar dos aniversarios de La Troja. Los 45 de fundada y los quince en su nuevo espacio, en el que fue declarada Patrimonio e Institución Cultural y Musical de Barranquilla, según reza la placa firmada por Roy Pérez, entonces director del Instituto Distrital de Cultura, IDC.
Una de las pocas cosas que no consumió el incendio ocurrido el 21 de octubre de 2001, en el que se quemaron 4.300 acetatos y 3.600 cedés. Pero todo se recuperó gracias a la solidaridad de sus amigos salseros. 
El vallenato La Verdad, de Freddy Molina, interpretado en slsa por Héctor lavoe, fue, paradójicamente el tema que le cambio el gusto musicl a Edwin "Guayacán" Madera para darle un vuelco total a la programación musical de La Troja.

Cada año, incluso antes de leer el bando, la reina del carnaval de Barranquilla prende la chispa de la rumba inaugurando El Goce de lo Nuestro, evento creado por Edwin "Guayacán"Madera.

miércoles, 13 de agosto de 2014

ESTO SOLO ES POSIBLE EN LA TROJA - Aniversario 48 - Incluye vidos

Edwin "Guayacán" Madera, Director General 
de la Organización Musical La Troja
Hay cosas que solo son posibles cuando un ser humano se las propone con fe, tenacidad y hasta terquedad. Edwin “Guayacán” Madera, director general de la Organización Musical La Troja se ha dedicado a traer a Barranquilla a las voces de grandes figuras de la salsa que son considerados verdaderos dinosaurios que se mantienen en su plenitud y cuya presencia en nuestra ciudad sería imposible ya que los circuitos comerciales de la música no los incluyen en sus eventos, salvo honrosas excepciones como  la de Cuco Valoy en en los pasados carnavales.
Además, ahora La Troja tiene dos nuevas sedes, además de la tradicional de la carrera 44 con calle 74: La Troja del Sur, en toda la esquina del bulevar de la carrera 8 con calle 44 y La Troja VIP, en la calle 79 No. 43B - 38
Programación del Aniversario 48 
de la Organización Musical La Troja
Como si fuera poco, La Troja nos trae estos regalos legendarios totalmente gratis y para presentarlos así, su director tiene que enfrentarse a las rígidas disposiciones que las normas policiales imponen. Esta vez, le toca el turno a un gran puertorriqueño, Pete Ortiz, la voz que siempre identificó a The New Swing Sextet, que estará presentándose este viernes 15 de agosto, acompañado y alternando con una gran agrupación barranquillera, el Sexteto Verdadero Son Cubano, de Román Cepeda.
PETE ORTIZ AND THE NEW SWING SEXTET
Cuando la salsa todavía no se llamaba salsa, a mediados de la década del sesenta, Nueva York era la gran paila donde hervían todos los ingredientes, la mayoría provenientes de la cuenca del gran caribe antillano, especialmente de Cuba y Puerto Rico, que en pocos años llegarían al punto exacto de sabor y consistencia para que hoy día se llame así: SALSA.
Por allá en 1965, en la gran manzana confluyeron seis talentosos jóvenes a los que se les salía el ritmo y el sabor por todos los poros. A ellos les gustaba lo que sonaba en ese momento pero tenían la suficiente capacidad para crear un sonido que marcara la diferencia.
Aurelio Yeyo Salgado, pianista; George Rodríguez, vibráfono y coros, Eddie Muñiz, timbal, Pachi Algarín, tumbadora, Jae Armando, bajo y  Pete Ortiz, voz líder,  se dedicaron frenéticamente a ensayar y a crear nuevas sonorirades que les distinguieran de los grupos que dominaban la escena newyorquina como el Gran Combo de Puerto Rico, la Orquesta Cachana del maestro Joe Quijano,  Tito Puente, Pacheco y su Charanga, la Orquesta Broadway, Fajardo y su Charanga y las orquestas Pachangueras como la Perfecta de Eddie Palmieri, la Duboney de Charlie Palmieri, Orlando Marín, Al Castellano y Randy Carlos, entre otros.
Sus primeras presentaciones las hicieron en la Feria Mundial de 1965, en el pabellón de la empresa de máquinas de coser Singer y aunque también tocaban boogaloo, el ritmo predominante, le daban un toque especial que les permitio ganar audiencia y adeptos rápidamente, lo cual los llevo a grabar su primera producción en 1967.
El Sexteto Nuevo Swing cosechó muchos triunfos y un sinnúmero de premios durante sus presentaciones, ademá,s se  destacó por apoyar eventos de carácter social y benéficos para la naciente Comunidad Latina. Participó en las movilizaciones que convocó la organización cívica Newyorrican The Young Lords Party para luchar por mejores viviendas y estándares  de vida más altos para la Comunidad del Barrio y el Bronx.
Pero la agrupación se desintegró rápidamente y sus componentes se regaron por varias orquestas aunque ocasionalmente algún empresario los reunía y siempre estremecían los escenarios.
Ahora nos llega a Barranquilla, al Aniversario 48 de La Troja, Pete Ortiz, la voz que grabó grandes éxitos como Cum Cumbele, El Coquero, El Tiroteo, El Monstruo y la que siempre cirra las madrugadas de los salseros cuando ya, por orden policial, nos manda para la casa: La rumba se acabó. Esto hace que Pete Ortiz y El Sexteto nuevo Swing sean los únicos que tienen programación garantizada cada vez que La Troja abre sus puertas a los bailadores y bailadoras del gran caribe y el mundo.
Claro que esta vez ese tema sonará de manera diferente: en vivo y directo, en la voz de su intérprete original y contradiciendo su letra, será para decir que LA RUMBA COMENZÓ.