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sábado, 22 de junio de 2013

Se nos fue Leandro Díaz...uno de los últimos grandes juglares del vallenato.

 En memoria al gran maestro, reproducimos la crónica publicada por Juan Carlos Rueda Gómez en la Revista Latitud de El Heraldo, el 4 de junio de 2011.
Adiós, maestro de maestros. Nunca habrá gratitud suficiente para la gran obra que nos dejaste. Te recordaremos como lo que fuiste: UNA HERMOSA Y VIVA VOZ DE NUESTRA CULTURA ANCESTRAL.


Escuchar al Maestro Leandro Díaz hablar, es tan delicioso y gratificante como oírle cantar sus canciones. Es una verdadera cajita de música. Esa forma tan especial de expresarse, con un léxico digno de un académico de la lengua; con una pronunciación perfecta, fluida, sin acento determinado, pero con el sabor y el saber del hombre Caribe, logran que todo el entorno se concentre en su voz bien timbrada, generalmente en tono fuerte, en razón de la acentuada sordera que viene padeciendo hace diez años.

Al preguntarle por sus primeros años de vida, esboza una sonrisa de niño tierno y levanta la cara como mirando desde dentro de sus ojos apagados hacia un pasado que recuerda vívidamente. Sus manos se acarician entre si, en un movimiento continuo, incesante, perpetuo, como leyendo en braille entre sus pliegues, cual si fueran las páginas del libro de su vida, los recuerdos, anécdotas y vivencias que nunca pudo escribir con lápiz sobre papel pero que están indelebles en su lúcida memoria octogenaria.

“Cuando niño, en la vereda Lagunita de la Sierra, de Hatonuevo, Guajira, yo la pasaba siempre solo, no tenía con quién conversar. Nadie hablaba conmigo porque, por mi condición de ciego, me creían inferior, me aislaban. Para los demás era casi un inútil. Sólo una tía mía que de vez en cuando bajaba al pueblo, me cantaba una que otra canción, especialmente rancheras, que estaban de moda, y que ella se aprendía a medias.

Allá en la sierra no había radio ni llegaban músicos. Pero yo me divertía a mi manera. Hasta los veinte años sólo escuchaba el canto de los pájaros, el bramido del ganado, el canto de los gallos, el cacarear de las gallinas y el ladrido de los perros. Tal parece que esos sonidos me alimentaron el oído y el pensamiento.

Cuando llegaba alguien por allá, yo, en vez de ocultarme, le decía: yo sé cantar. Y le cantaba las canciones que me había enseñado mi tía.

Así fui llevando una vida muy dura, sin diversión alguna. Hasta que un día se me dio por hacer un verso que me quedó muy bueno. Se lo hice a una vecina que me insultó porque ella creía que yo estaba enamorado de su hija. Así que el insulto me sirvió para crear mi primera canción. Y eso me quedó gustando porque a varias mujeres que a lo largo de mi vida me han menospreciado por ciego, las he castigado con canciones irónicas. Tal es el caso de La Gordita, que me grabó Jorge Oñate con Juancho Rois. Esa dice así: 

La mujer que me desprecia
yo la castigo cantando
porque creo que maldecirla 
es algo de cobardía
sé que el día menos pensado
yo me salgo con la mía
y la he de encontrá arrepentía
sufriendo el haberme engañado

Tanto que vaciló la gordita
y nada quiso conmigo
ahora le tengo esta cancioncita
con esta la castigo

Ahora qué pensará la morena
cuando escuche mi canto
le quisiera gritar mala hembra
pero mejor me aguanto
Quiero matar la pena cantando
con otra muchachita
pero primero pongo la mano
no vaya a ser gordita

Obviamente, el Maestro Leandro hace el ademán de acariciar una silueta femenina, al tiempo que esboza una sonrisa pícara, de muchacho travieso, lo cual nos pone a pensar que la carencia de la visión no fue nunca una limitación, sobre todo a partir del momento en que entendió que tenía otras fortalezas que le permitirían disfrutar una vida intensa, especialmente abriéndose paso a punta de versos y melodías entre la maraña humana, casi siempre estigmatizadora y excluyente.

Ahora acompaña el movimiento de las manos con un vaivén de su cuerpo, cual mecedora, en contratiempo. Profundiza en su mundo de luz interior y continúa relatando emocionado.

“Después, a la edad de veinte años, me sacaron de Lagunita y me llevaron a la vereda de Tocaimo. Allí encontré acordeoneros y hallé gente que me escuchaba y valoraba lo que yo componía. Ahí comencé mi carrera en serio”.

Al hacerle notar que en el mismo año en que él nació, 1928, vinieron al mundo personajes tan disímiles como Ernesto “Che” Guevara, Andy Warhol, Carlos Fuentes, Noam Chomsky, Simón Díaz y Gabriel García Márquez, se fija especialmente en este último, cuyo cumpleaños es el 6 de marzo, dieciséis días después del suyo, que es el 20 de febrero.

“Lo admiro mucho por su gran obra. Él tiene la dicha de escribir para darle vida a su pensamiento. Yo, en cambio, tengo que narrar en tres minutos cada suceso pero le pongo melodía y ritmo, lo cual es mucho más difícil. Pero él y yo hacemos lo mismo.

Lo paradójico es que ni García Márquez ni yo sabíamos que existíamos. Pero el destino nos venía acercando poco a poco. Nos encontramos una vez en Valledupar, en una fiesta. Una amiga me dijo que había un escritor que estaba terminando un libro que tenía relación con una canción mía, “La diosa Coronada”. Y evidentemente, el epígrafe de la obra es un verso de esa canción mía : “En adelante van esos lugares, ya tienen su Diosa coronada'. Ese libro es El amor en los tiempos del cólera.

En esa fiesta hablamos bastante. Él quedó encantado de mí, y yo de él, porque nos comprendimos. García Márquez me dijo que le gustaba la canción y también me expresó que el único compositor que le cambió la expresión a la música vallenata fui yo, porque los demás compositores no narraban de esa forma. Él me pidió que le contara la historia de esa canción y con gustó se la narré: en la vereda de Tocaimo había una chica que se creía superior a todas porque los papás eran ganaderos, ella pretendía más que las otras. Yo quise ser su amigo, traté de serlo, pero ella me despreciaba porque yo no tenía vista y eso para ella era algo que no le agradaba. Pero yo seguía insistiendo a pesar de su negativa.

Una mañana me fui a la orilla del Río Tocaimo y allí me inspiré. Me puse a pensar: bueno, esta muchachita se cree una diosa, ¿qué estará creyendo ella, si es igual a las otras, ah? Después que terminé la canción y se la canté, entonces sí se convirtió en mi amiga. ¿Qué ironía, no?”

Al preguntarle de dónde sacó términos tan elaborados como los que utiliza en esa obra, cuenta que él le pedía a un tío suyo que le leyera cuentos de hadas y novelas de la época, porque no quería quedarse en la ignorancia. Atesoraba cada relato y lo procesaba en su memoria para luego revertirlo en versos articulados con términos del acervo local y de la cotidianidad de sus paisanos.

Al analizar detenidamente la letra, cualquiera se da cuenta de las razones que tuvo el Nobel García Márquez para beber de esa fuente cuando escribió su gran novela. Y también produce tristeza recordar el bodrio de telenovela que se hizo con la visión interiorana de nuestra idiosincrasia musical:

Señores vengo a contarles
hay nuevo encanto en la sabana
en adelanto van estos lugares
ya tienen su diosa coronada
la vida tiene buen adelanto 
ya tiene diosa de los encantos 
y tiene su corona de reina 
lo bello está aquí en el Magdalena 

Paso a contar lo siguiente 
conozco diosa y rey querido 
Ese nombre de diosa es de gente 
que tenga su grado distinguido 
que viva el mismo movimiento 
y que tenga el mismo pensamiento 
que viva alegre en la sabana 
ya tiene su diosa coronada 
que canta el pobre Leandro Díaz 
triste por la serranía 

Cuando el rey querido llega 
de tarde a la serranía 
hay que ponerle gallina rellena 
que el rey es fino madre mía 
le pones la mesa bien servida 
tú sabes que el rey es gente fina 
le pones un gran arroz volado 
que coma el rey considerado 

Cuando el rey llega de tarde 
que mira el jardín florecido 
cuando la diosa mueve el caderaje 
se pone el rey más engreído 
y llega la mira con anhelo 
y dice gracias le doy al cielo 
que viva alegre en la sabana 
ya tiene su diosa coronada 
y canta el pobre Leandro Díaz 
triste por la serranía






lunes, 10 de junio de 2013

UN EJERCICIO CONTRA EL OLVIDO

Por ALBERTO SALCEDO RAMOS 



La Historia con hache mayúscula siempre ha sido un asunto de vencedores: la dictan quienes están al mando.

Por eso el poeta Manuel Alcántara decía que lo curioso no es cómo se escribe la historia, sino cómo se borra.

Se borra a los perdedores, a los excluidos, a esos que Eduardo Galeano llama "los nadies".

"Los nadies" –sigo con Galeano – "cuestan menos que la bala que los mata". Nunca han significado nada para quienes escriben la Historia con hache mayúscula.

Para la gran prensa, que a menudo escribe las noticias de primera plana con la misma tinta excluyente de los historiadores, "los nadies" solo existen como meras cifras de las tragedias.

La crónica –es decir, la historia con hache minúscula– intenta hacer menos dura tal injusticia. De modo que es un género político, como sostiene Martín Caparrós, porque se rebela contra la vieja idea de que informar consiste en decirles a muchos lo que les sucede a muy pocos: aquellos que tienen el poder.

Estas reflexiones surgieron mientras leía dos libros: "Los escogidos", de Patricia Nieto, y "El hombre que no quería ser padre", de Alfonso Buitrago.

"Los escogidos" (Sílaba Editores) cuenta la historia de "los muertos del agua", esos cadáveres que los verdugos de nuestra eterna guerra arrojan a los ríos, acaso con la intención de seguir matándolos después de muertos, es decir, borrarles el nombre y el rostro. Desaparecerlos.

Patricia Nieto nos sacude con sus datos de gran calidad periodística: por cuenta de los bárbaros, los ríos colombianos se han convertido en cementerios oprobiosos a los cuales van a parar unos veinticinco muertos diarios. Río adentro, cada cadáver recorre un kilómetro en cinco minutos.

Los muertos del agua son enterrados como "NN".

Entonces aparecen legiones de personas que los adoptan como propios: les ponen nuevos nombres, les llevan flores, les rezan.

Lo que en principio es solo un ejercicio de compasión, se transforma luego en paganismo: los adoptantes creen que sus muertos tienen poderes sobrenaturales, y les empiezan a pedir favores de santos.

Los grandes cronistas –y Patricia Nieto es enorme– no solo cifran: descifran.

Esa religiosidad enrevesada, lo único que les queda a los excluidos, muestra nuestra infinita locura: somos un país que mata y luego convierte sus cadáveres en casi la única tabla de salvación.

En "El hombre que no quería ser padre" (Editorial Planeta), Alfonso Buitrago, un reportero prolijo, nos cuenta el drama que vivió su padre taxista debido a un tumor maligno en las cuerdas vocales.

Buitrago aplica al pie de la letra el precepto de Kapuscinski: busca el cosmos entero dentro de la gota que parece ínfima. Así, la historia de la relación con su padre –dura, amorosa– es universal a pesar de su tono particular. 

El libro pone ante nuestros ojos conflictos que nos dan testimonios de gran valor sobre la condición humana, y está escrito en una prosa estupenda.

Nieto y Buitrago nos recuerdan que, más allá de lo urgente, el buen periodismo también tiene un compromiso con lo importante.

lunes, 27 de mayo de 2013

La "ruleta sexual" colombiana: ¿exageración o realidad?

Según algunas versiones, el juego se practica en
 fiestas y discotecas al ritmo de reggaetón.
Para llevar en la prensa colombiana más de una semana, y haber capturado la atención de numerosos medios internacionales, es sorprendente lo poco que de verdad se sabe sobre la denominada "ruleta sexual".
Ése es el nombre de un juego erótico que, si se le cree a los titulares de prensa, se ha puesto de moda entre los jóvenes de varias ciudades de Colombia hasta el punto de haber hecho saltar las alarmas entre las autoridades del país.
Según las versiones, las reglas de este crudo juego incluyen penetraciones sucesivas y ponen a prueba la resistencia de los hombres. La cobertura del tema, sin embargo, probablemente dice más sobre los temores de la sociedad y las dinámicas de los medios que sobre el comportamiento sexual de los jóvenes colombianos.
No obstante, como dijo el vicealcalde de Salud, Inclusión Social y Familia de Medellín –la ciudad en la que se originó la historia– hasta el momento casi todo lo que se ha dicho y escrito sobre el tema está basado en rumores sin confirmación.
"Hubo una primera noticia de ADN, un diario gratuito que circula aquí en Medellín, que planteó el caso y dijo que la Secretaría de Salud lo había ratificado. Pero nosotros verificamos y nunca hubo una declaración como ADN lo decía", dijo Carlos Mario Ramírez.
Y según el vicealcalde, la idea de que el juego se está traduciendo en un aumento en el número de embarazos adolescentes en la capital antioqueña también va a contrasentido de lo que sugieren las últimas estadísticas a disposición.
"En el año 2006, 2007 estábamos hablando de 8.600, 8.400 embarazos (por año) y en el año 2012 fueron 6.900", explicó Ramírez.
Y para el funcionario esa disminución prueba que, poco a poco, las autoridades han logrado promover una sexualidad más responsable entre los jóvenes de Medellín.

Rumores

La historia empieza, sin embargo, con un testimonio que no parece estar en cuestión: el de una joven de 14 años que afirma haber quedado embarazada luego de haber jugado a la "ruleta sexual".
Los rumores sobre el supuesto juego empezaron
 en la ciudad de Medellín.
"No pensé que pudiera quedar embarazada, porque no era mucho tiempo, sólo un juego", le habría dicho la menor al diario ADN.
Y, en el mismo artículo, el diario también recoge declaraciones de una funcionaria de la Secretaría de Salud que reconoce que en los relatos de algunas jóvenes embarazadas cada vez se habla más de "relaciones sexuales grupales, que son en su mayoría indiscriminadas y sin la debida protección".
A partir de ahí, sin embargo, la cosa se complica, porque los medios no parecen interesados en determinar si se trata de casos aislados o de una práctica generalizada; ni si este comportamiento riesgoso siempre toma la forma de "ruleta sexual".
Y en la búsqueda de testimonios que confirmen la popularidad del juego también se empieza a ofrecer como evidencia lo que no pasa de rumor.
Una emisora local, por ejemplo, no duda en presentar como testigo de la práctica a la tía de una joven que "que confesó haber participado en la llamada ruleta sexual", aunque en la entrevista, llena de inconsistencias, ella misma admite que la sobrina no ha confesado tal cosa y reconoce que "las niñas no hablan" –lo que sin embargo no le impide ofrecer numerosos detalles sobre el juego en cuestión.
Y, para darle más solidez a las afirmaciones, la mayoría de los medios también reproducen unas declaraciones de la directora encargada del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) que dan a entender que esta institución ha confirmado embarazos producidos por culpa de la ruleta, "incluso en Bogotá y Cali".
La directora encargada del ICBF, sin embargo, se llama Adriana González. Y todos los medios, incluso varias publicaciones internacionales, hablan de Adriana Monsalve, lo que sugiere que las declaraciones provienen de una misma publicación.
González explicó que lo que el ICBF había podido comprobar era que había jóvenes que decían haber escuchado sobre el juego, y eso nada más en un barrio de Bogotá.
En otras palabras, lo que se había podido confirmar era la existencia del rumor.

¿Leyenda urbana?

Obviamente, todo eso no significa que el juego no sea practicado por algunos jóvenes colombianos.
El sexo sin protección puede provocar
embarazos no deseados y contribuir a la
 transmisión de enfermedades.
Pero, como dijo el experto mexicano, Francisco Cortázar, muchas "leyendas urbanas" también tienen algo de verdad. Y esa no es la única característica de este tipo de relatos que parece aplicarse a las historias sobre la "ruleta sexual".
"Por lo general, las leyendas urbanas suelen relatarse como si le hubieran ocurrido a alguien cercano",  dijo el profesor de Estudios Socio-Urbanos de la Universidad de Guadalajara.
"Y fundamentalmente son historias moralizantes. Funcionan como historias ejemplares de que es lo que puede suceder si uno no actúa de una forma adecuada; transmiten miedos, temores, fantasías, anhelos, tabús", explicó.
Según Cortázar, el terreno de la sexualidad, y sobre todo la sexualidad adolescente, es terreno fértil para este tipo de construcciones sociales, a las que también contribuyen los medios de comunicación.
"Tenemos muchos temores de lo que les puede suceder sexualmente (a los jóvenes), tenemos muchas preocupaciones, pues no somos muy conscientes de lo que están viendo a través de internet, con qué propósito se juntan", dijo el catedrático.
"Pero aunque la sexualidad es un tema legítimo de preocupación también suceden muchas exageraciones, muchas fantasías. Y muchos de los comportamientos que creemos que los jóvenes tienen a lo mejor no son tan generalizados. Puede que existan en algunos casos, que son irrelevantes. Pero uno sólo que se conozca es suficiente para desatar un temor generalizado en la sociedad", dijo.
Justo lo que parece estar pasando con el juego de la ruleta sexual.

Por Arturo Wallace
Tomado de  BBC Mundo, Bogotá