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miércoles, 20 de agosto de 2014

¡Y ES GRATUITO! La "Botbilla", Ingenioso invento ilumina millones de hogares pobres en muchos países - Incluye video

Invento revolucionario de un brasilero que beneficia a millones de hogares pobres...¡y no cobra un centavo por ello!
Alfredo Moser, con su sencillo invento que está
iluminando millones de hogares pobres en el mundo.
Como decía mi abuela, "desde que el mundo es mundo, ha habido más gente buena que mala". Esto me viene a la mente cuando veo tanto invento inútil, que solo genera dependencia o crea necesidades innecesarias, o solo sirve para la destrucción, pero mucho dinero a sus creadores. 
Y los comparo con lo que hacen personas altruistas que se enfocan solo en beneficiar a la humanidad. Una de esas personas, ingeniosas y generosas, es el brasilero Alfredo Moser, curiosamente tocayo de Alfredo Nobel, el inventor de la letal dinamita, un maestro de escuela jubilado que ha creado "la bombilla de los pobres", un sistema simple, elemental, que además permite alargar la vida útil de las botellas PET, que tanto daño causan a la naturaleza puesto que necesitan más de mil años para biodegradarse.
Este invento no solo ilumina hogares pobres
sino que ayuda a reciclar y reutilizar las
botellas PET, que tanto contaminan el planeta.
La invención de Alfredo Moser está iluminando al mundo. En 2002, a este mecánico brasileño “se le prendió el bombillo” y se le ocurrió una manera de iluminar su casa durante el día sin electricidad, usando únicamente botellas de plástico llenas de agua y un poquito de cloro.
En los últimos  años, su idea llegó a diferentes partes del mundo. Y se tiene previsto que su sistema se implemente en dos millones de hogares a finales de 2014.
¿Cómo funciona? 
Por refracción de luz solar, explica Moser, al tiempo que llena una botella plástica de dos litros. “Hay que añadir dos tapas de cloro para evitar que el agua se ponga verde (con algas). Mientras más limpia esté la botella, mejor”, añade.
Millones de en ahorro y sobre todo menos 
contaminación,se logran con el sencillo invento 
de Alfredo Moser, que, aunque parezca increíble,
lo ha donado a la humanidad.
Envolviendo su cara en un trapo, abre un hueco en una de las tejas del techo con un taladro y, de abajo hacia arriba, mete la botella en el orificio recién hecho. “Fijas la botella con resina de poliéster. No hay goteras, ni siquiera cuando llueve, no cae ni una gota”.
“Un ingeniero vino y midió la intensidad de la luz. Depende de cuan fuertes sean los rayos de sol, pero equivale más o menos a 40 o 60 vatios”, comenta.
Un verdadero paraíso para vegetarianos
¡Y se hizo la luz!
La inspiración para la “lámpara Moser” le llegó en 2002, durante uno de los frecuentes apagones que ocurren en el país.
“Los únicos lugares que tenían electricidad eran las fábricas, no las casas de la gente”, dice refiriéndose a la ciudad en la que vive, Uberaba, en el sur de Brasil.
Moser y sus amigos empezaron a preguntarse qué podrían hacer en caso de que se presentara una emergencia como, por ejemplo, que un avión pequeño sufriera un accidente y perdiera altitud, imaginando que no tuvieran fósforos.
Su jefe en aquel momento sugirió utilizar una botella de plástico vacía, llenarla de agua y utilizarla como un lente para que los rayos de sol cayeran sobre grama seca. El fuego resultante podría servir para dar aviso a los equipos de rescate.
La idea se le quedó a Moser en la cabeza, y empezó a hacer pruebas, llenando botellas y haciendo círculos de luz refractada. Poco tiempo después, su invento estaba terminado.
Así se montan las botellas con agua y cloro. 
Generan hasta 60 vatios, suficientes para iluminar
una habitación mediana durante el día.
“No hice ningún dibujo con su diseño”, cuenta el brasileño. “Es una luz divina. Dios nos dio el Sol a todos, así que la luz es para todos. Quien quiera usar mi sistema de iluminación, ahorra dinero. No vas a electrocutarte con esto y no te cuesta ni un centavo”.
El placer de ayudar
Moser instaló lámparas hechas de botellas en las casas de los vecinos y en el supermercado local.
Aunque se gana algunos dólares por la instalación de su invento, es evidente, por la sencilla casa en la que vive y el auto que conduce (de 1974), que su invención no lo ha hecho rico. Y esto lo llena de orgullo.
“Hubo un hombre que empezó a utilizar las botellas en su hogar y, en un mes, ahorró suficiente para pagar por las cosas básicas que necesitaba para su hijo, quien estaba a punto de nacer. ¿Puede creerlo?”, dice.
Tienda de barrio en Filipinas, iluminada con la "Botbilla",
botella-bombilla inventada por Alfredo Moser.
Carmelinda, quien ha estado casada con Moser por 35 años, cuenta que su esposo siempre ha sido habilidoso haciendo cosas para el hogar, incluyendo camas y mesas de madera. Pero ella no es la única que admira la lámpara que inventó su marido. Illac Ángelo Díaz, director ejecutivo de la Fundación MyShelter, en la República de Filipinas, es otro.
Esta organización se especializa en construcciones alternativas, haciendo casas con materiales sostenibles y reciclables como bambú, llantas y papel.
“Recibimos grandes donaciones de botellas. Algunas las llenamos de barro, e hicimos las paredes, a otras les pusimos agua para hacer las ventanas”, dice. “Cuando estábamos tratando de poner más, alguien dijo: ‘hay una persona que hizo eso en Brasil. Alfredo Moser las pone en el techo’”, recuerda Díaz.
Alcance internacional
Siguiendo el “método Moser”, MyShelter, empezó a utilizar las lámparas en junio de 2011.
Actualmente entrenan a gente para que prepare las botellas y las instale, con el objetivo de generar algún ingreso.
En Filipinas, donde un cuarto de la población vive en pobreza extrema (ganando US$1 al día), y la electricidad es particularmente cara, la idea ha sido muy exitosa.
Las “lámparas Moser” se encuentran en 340.000 hogares. La idea también ha sido popular en unos 15 países más, como India, Bangladesh, Tanzania, Argentina y Fidji, Ecuador, Bolivia y Colombia.
Díaz señala que también es posible encontrar el invento de Moser en comunidades remotas que viven en islas. “Dicen: ‘Se lo vimos a otros vecinos y parece ser una buena idea’”.
Gente con pocos recursos también utiliza las botellas para aprovechar la luz que generan en pequeños cultivos hidropónicos.
Impacto inesperado
Según los cálculos de Díaz, para principios del próximo año, dos millones de hogares, unos diez millones de personas, se beneficiará con las ventajas que ofrecen este tipo de lámparas.
“Alfredo Moser ha cambiado la vida de una gran cantidad de personas, creo que para siempre”, afirma.
“Gane o no el Premio Nobel, queremos que sepa que hay muchísima gente que admira lo que hace”.
¿Se imaginó Moser alguna vez que su invención tendría tal impacto?
“No, nunca me lo hubiera imaginado. Se me pone la piel de gallina al pensarlo”, dice, mientras tiembla de emoción.





lunes, 16 de septiembre de 2013

Úrsula Sladek: El ama de casa que 'energizó' una revolución verde alemana


Esta menuda mujer encabezó una revolución ciudadana para liberarse de las garras de una compañía de electricidad en Alemania. Una gesta que perfectamente se puede llevar a cabo en cualquier país de Latinoamérica, donde sufrimos el mismo flagelo.

Úrsula Sladek es una ex profesora sin ninguna experiencia para manejar un negocio, que se ha convertido en una figura insólita como la cabeza de una importante planta de energía.

Su empresa, el Suministro de Energía Schonau (EWS por su nombre en alemán) –fundada en las colinas de una ciudad remota alemana- no es un típico proveedor de electricidad.

Fundada por Sladek y unos amigos en 1991, EWS es una cooperativa ciudadana que suministra a 120,000 casas en Alemania usando solo energía sustentable.



Después de la explosión nuclear en Fukushima y el compromiso de Alemania de finalizar con su dependencia sobre la energía nuclear durante la próxima década, EWS está disfrutando el impulso de su demanda de energía, y espera proveer a un millón de casas en 2015.

Nada mal para una autodenominada ama de casa, quien dejó de utilizar la electricidad del proveedor de energía a escala nacional.

La historia de Sladek comienza en 1986, tras el desastre de Chernóbil. Aunque su casa en Schonau estuviera a más de 2,000 kilómetros de distancia de la explosión del reactor nuclear, los rastros de radiación lograron infectar la vida silvestre local.

“Al principio pensamos: ¿Qué comerán los niños? ¿Podrán jugar al aire libre?”, recuerda. “Y todavía tenemos esto, cuando entras en el bosque, las setas todavía están contaminadas; el jabalí todavía está contaminado... 25 años después del Chernóbil, la radiación aún sigue".

Sladek, una madre de cinco hijos, construyó una organización llamada Padres para un Futuro Nuclear Libre que promueve la preferencia de las energías renovables a la energía nuclear.

En ese entonces, Sladek creía que KWR, la empresa encargada de proveer energía eléctrica a su ciudad, podría ser motivada a invertir en fuentes renovables y ayudar a la gente a reducir su dependencia de energía eléctrica.

Pero se equivocó.

“Ellos nos dijeron: ‘¿Ustedes quieren ahorrar electricidad? Bueno, pues nosotros nos dedicamos a vender electricidad. Es nuestro trabajo. No les ayudaremos’”. Aprendimos que ni el gobierno ni las empresas eléctricas harían algo al respecto.

Fue precisamente esta respuesta lo que motivó a Sladeck y a su equipo a tomar el siguiente paso.

“Nunca habíamos pensado en crear una empresa que haría lo que hacemos ahora”, dice Sladeck. “Su actitud fue lo que nos motivó”.

Así, cuando la licencia de KWR para operar la planta tuvo que ser renovada en 1991, Sladeck y su grupo crearon su propia empresa eléctrica y lanzaron una petición locar para convencer al ayuntamiento de la ciudad y a la gente para dejar que la operaran como una cooperativa.

Después de varios años de batallas legales, en 1997, EWS había recaudado el suficiente dinero, unos tres millones de dólares, para comprar el contrato para proveer a Schonau con electricidad que no proviniera de la energía nuclear.

Repartida entre unos 1,000 ciudadanos, la compañía obtiene la electricidad de fuentes renovables, principalmente de plantas hidroeléctricas, pero también de paneles solares y de turbinas eólicas.

¿Pero los clientes de EWS tienen que pagar de más por este tipo de energía? No. De hecho pagan menos, de acuerdo con Sladeck.


“Ofrecemos electricidad incluso más barata que las compañías que abastecen a sus clientes con energía nuclear o proveniente del carbón”, explica.

“Esto es porque nosotros no queremos ganar la mayor cantidad de dinero posible como los demás. Claro que tenemos que ganar algo porque hay muchas personas que trabajan con nosotros… Simplemente no queremos ganar desmesuradamente”.

Efectivamente, los accionistas de la compañía reciben pocos dividendos, pero el resto se invierte en nuevos proyectos de energía renovable así como en capacitación y en apoyar a quienes buscan administrar una empresa como la de ellos.

Es por estas razones que Sladek fue galardonada con el premio Goldman al Medioambiente en abril de 2011, que es también conocido como el “Nobel del medioambiente”. No muchos de los magnates de la energía pueden presumir eso.