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domingo, 12 de abril de 2015

Bogotá, Cartagena y Barranquilla, vibraron con lanzamiento del 48 Festival Vallenato 2015 - Incluye videos

Ya comienza el festival, vinieron a invitarme 
ya se van los provincianos que estudian conmigo 
ayer tarde que volvieron preferí negarme 
pa' no tené que contarle a nadie mis motivos 
yo que me muero por ir y es mi deber quedarme 
me quedo en la capital por cosas del destino.
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Bogotá se unió a la promoción del 48 Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a la dinastía López
Nuevamente la capital del país se unió al lanzamiento del Festival de la Leyenda Vallenata, y en esta ocasión a la versión número 48, en homenaje a la dinastía López, teniendo como epicentro al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.
Durante tres horas por la tarima principal de este centro de la cultura y el folclor colombiano desfilaron los Reyes Vallenatos de 2014, Infantil, Sebastián Sepúlveda Gómez; Juvenil, José Camilo Mugno Pinzón; Aficionado, Camilo Molina Luna; Profesional, Gustavo Adolfo Osorio Picón y miembros de la dinastía López, los cuales matizaron la noche con el vallenato raizal.
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Como gran novedad, los Reyes Vallenatos aparecieron juntos e interpretaron uno a uno con sus respectivos acompañantes, primero sus paseos, después los merengues, siguieron los  sones y cerraron con las puyas, aires que le dieron la corona  en el pasado Festival de la Leyenda Vallenata. Lo anterior causó gran emoción entre de asistentes al Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, que los colmaron con aplausos especialmente cuando interpretaron la puya.
Sobre su presentación el Rey Infantil, Sebastián Sepúlveda Gómez indicó que “Que bonito fue presentarme en este escenario maravilloso para dejar escuchar nuestra querida música vallenata y más ahora con motivo del próximo Festival de la Leyenda Vallenata en homenaje a la dinastía López. Gracias Bogotá”.
La nota adulta de los López
Cuando los encargados con sus voces de guiar la velada cultural y folclórica, María Lourdes Zimmerman y Carlos Mario Zabaleta, dieron a conocer la presentación de varios de los miembros de la dinastía López, los asistentes los recibieron como lo merecían, de pie y con el más grande aplauso.
De un momento a otro apareció sonando su caja, el rey de este instrumento, Pablo López, y comenzó el concierto de acordeón a cargo de Román, siguió Navín y cerró Álvaro, con la voz de Hernán Cuesta, haciendo un recorrido por esa historia musical que los catapulta como una de las mejores dinastías de la auténtica música vallenata.
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Ya comienza el festival, vinieron a invitarme 
ya se van los provincianos que estudian conmigo 
ayer tarde que volvieron preferí negarme 
pa' no tené que contarle a nadie mis motivos 
yo que me muero por ir y es mi deber quedarme 
me quedo en la capital por cosas del destino.

Al final se unieron todos los que participaron en esta velada vallenata para interpretar ‘Ausencia sentimental’, himno del Festival de la Leyenda Vallenata. A este concierto se unió el violinista cubano Alfredo de la Fe, quien al compás del acordeón, la caja y la guacharaca matizó este evento que invitó a Bogotá y a todo el país al 48 Festival de la Leyenda Vallenata que se realizará del 28 de abril al 2 de mayo.
Cumpliendo el compromiso
El presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Rodolfo Molina Araujo, sobre esta importante velada promocional en Bogotá manifestó que “Seguimos cumpliendo nuestro compromiso de conservar la auténtica música vallenata en esta oportunidad con estos grandes baluartes de la dinastía López. Como dice la canción de Rafael Manjarrés, ya comienza el festival y venimos a invitarlos para que nos acompañen en Valledupar, donde los esperamos con los brazos abiertos y con el cariño de todos para que vivan de cerca esta fiesta que es una de las mejores de Colombia”.
Dice el alcalde de Cartagena:
“El Festival Vallenato identifica 
a Colombia ante el mundo”
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El lanzamiento del 48 Festival de la Leyenda Vallenata celebrado en el teatro Adolfo Mejía de Cartagena fue un rotundo éxito y nuevamente se ratificó que en esa ciudad la auténtica música vallenata tiene la mejor acogida, y además este año Cartagena y el departamento de Bolívar  tendrán 102 concursantes.
El evento folclórico-cultural se abrió con las palabras del alcalde Dionisio Vélez Trujillo, quien señaló que “Es un gran honor tener en nuestra querida ciudad a los representantes del folclor vallenato para que sigan con su trabajo promocional del próximo Festival Vallenato, ese mismo que identifica a Colombia ante el mundo. Felicito a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por ese trabajo efectivo que cumple. Además, me siento feliz porque la cuota de Cartagena y del departamento de Bolívar suman un total de 102 participantes”.
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En esta velada de auténtica música vallenata se presentaron el Rey Vallenato Juvenil José Camilo Mugno Pinzón, el Rey Vallenato Profesional Gustavo Adolfo Osorio Picón y los miembros de la dinastía López, Álvaro, Navín y Román López.
Sobre el lanzamiento en Cartagena, el Rey Vallenato Álvaro López anotó que “Tuvimos una excelente acogida por parte del alcalde Dionisio Trujillo, así es que se trabaja por el folclor colombiano y especial el vallenato, de los asistentes y de los medios de comunicación. Todos, les dimos una muestra de lo que nos ha  identificado toda la vida. Gracias, a la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata por el homenaje que comenzó con los lanzamientos en distintas ciudades del país y pasará hasta más allá del dos de mayo”.
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El Himno del Festival
La velada en Cartagena terminó con el obsequio de una mochila arhuaca al alcalde Dionisio Vélez, por su irrestricto respaldo al Festival de la Leyenda Vallenata, entrega que hizo el directivo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, Clemente ‘Pachín’ Escalona. Además, se interpretó por los Reyes Vallenatos y los miembros de la dinastía López, y todos sus acompañantes, la canción ‘Ausencia sentimental’. El canto del himno del Festival de la Leyenda Vallenata estuvo a cargo del artista cartagenero Carlos Bohórquez, como signo de integración entre dos ciudades hermanas que se unieron para seguir avivando la llama del folclor vallenato que como lo dijera el alcalde Dionisio Vélez, identifica a Colombia ante el mundo”.
Más de 40 medios de comunicación se dieron cita en la Rueda de Prensa en Barranquilla
De igual manera en Barranquilla la acogida de los medios de comunicación fue extraordinaria al darse cita en Frogg Club, donde se les informó sobre la programación que se desarrollará en el 48 Festival de la Leyenda Vallenata que incluye el homenaje a la dinastía López, los distintos concursos y los espectáculos musicales en el Parque de la Leyenda Vallenata ‘Consuelo Araujonoguera’ donde se presentarán una gran nómica de artistas vallenatos y los internacionales Franco De Vita, Marc Anthony y Juan Luis Guerra, exactamente los días jueves 30 de abril, viernes primero de mayo y sábado dos de mayo.
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Los representantes de los medios de comunicación tuvieron de primera mano al Rey Juvenil José Camilo Mugno, al Rey Profesional Gustavo Osorio y a tres miembros de la dinastía López, Álvaro, Navín y Román, quienes entregaron declaraciones y brindaron una gran muestra musical.
Al respecto, el veterano periodista Rafael Sarmiento Coley, destacó que Barranquilla le ha brindado por muchos años la mayor acogida a la música vallenata y este encuentro era vital para seguirlo haciendo. De igual manera anunció su asistencia al Festival de la Leyenda Vallenata donde ha escrito sus mejores trabajos periodísticos.
A la rueda de prensa asistieron más de 40 medios de comunicación dando fe de la importancia que representa el Festival de la Leyenda Vallenata al lado del Carnaval de Barranquilla.

lunes, 30 de marzo de 2015

HERMOSA HISTORIA - Marena se graduó de bachiller con su papá, Diomedes Díaz - Incluye videos

Alrededor de Diomedes Díaz han surgido muchas historias. Algunas tristes, otras dolorosas y hasta escabrosas. Pero no hay duda de que su lado humano es el que lo hace más digno de ser recordado. Esta es una de esas vivencias, donde podemos conocer aspectos positivos de la vida del "Cacique de La Junta".
Por Juan Rincón Vanegas
Director de Comunicaciones y Prensa 
del Festival de la Leyenda Vallenata.
Marena Díaz, recibiendo el diploma de bachiller, 
el día que su padre, Diomedes ,recibió el titulo 
de bachiller Honoris Causa.
Corría la tarde del día miércoles primero de diciembre de 1993 cuando en el corregimiento de La Junta, La Guajira, precisamente en el colegio nacionalizado Hugues Manuel Lacouture, se aprestaban a graduar una nueva promoción de 34 bachilleres, entre las que se contaba Marena Rocío Díaz Sarmiento, hija de Diomedes Díaz Maestre y Martina ‘La negra’ Sarmiento Loperena.

Celos con rabia, la canción que Diomedes le dedicó a 
su primera mujer, Martina "La Negra" Sarmiento.
Todo estaba listo para la ceremonia que no comenzaba porque no llegaba el hijo más importante de esa tierra, quien sería exaltado como Bachiller Honoris Causa. Después de una larga espera, apareció en la sala múltiple Diomedes Díaz ‘El Cacique de La Junta’, vestido de azul turquí y regalando sonrisas y abrazos.
La ceremonia se inició teniendo todas las miradas dirigidas al artista, quien, ansioso, esperaba el famoso cartón que nunca alcanzó en su juventud, tal como lo declaró en la canción ‘El profesional’.
Me inclinaba cuando fui un alumno
siempre a ser un buen profesional,
y como no tuve pa’ estudiar
fueron imposibles mis estudios.

Cuando llegaron las palabras del rector, Dennis Escribas Bonilla, este destacó a los nuevos bachilleres pero hizo énfasis en el hijo de Rafael María Díaz y Elvira Maestre, quien era un ejemplo, porque después de ser vendedor de limones y de hacer trabajos forzados en el campo, había alcanzado la fama como cantante y compositor, teniendo como premio ser el mayor vendedor de discos de música vallenata y tener el más grande cariño de su fanaticada.
Después de recibir el diploma de Bachiller Honoris Causa, con la naturalidad que lo caracterizaba y saltándose las gracias protocolarias a la institución educativa, dijo: “Nunca pensé llegar a ser bachiller. ¡Mamá, papá, ya soy bachiller!”. 
Marena Díaz Sarmiento, en la actualidad.
En esa frase conjugó todo el agradecimiento a esos seres queridos que se la jugaron por su hijo y en el preciso momento supieron tomar el cauce indicado porque sabían que las cosas del alma valían mucho más que el dinero.
La emoción de Marena
Mientras todos los aplausos eran para Diomedes Díaz, una joven esperaba ser llamada para recibir su diploma de bachiller. Era Marena Rocío, la misma a la que su papá le dibujó su nombre en letras viendo cierta mañana un paisaje de mar y arena, exactamente en Santa Marta, la bahía más linda del mundo.
El maestro de ceremonia hizo el llamado: Díaz Sarmiento Marena Rocio. Ella, se levantó de su puesto con una leve sonrisa y recibió el diploma. No recuerda si la aplaudieron, lo que si quedó calcado en su corazón fue cuando su padre salió a su encuentro, la abrazó, le dio un beso y le manifestó casi en secreto: “Hija, que la Virgen del Carmen te bendiga”. Además posó para las fotografías.
Aquel momento irrepetible y poco dado en el campo estudiantil y que sucedió hace 21 años, Marena lo recuerda de la siguiente manera, no sin antes dejar escapar una lágrima como premio a esa dicha que no tiene precio.
“Recibir con mi papá el titulo de bachiller ha sido el día más emocionante de mi vida. Verlo feliz al yo haber cumplido una etapa de mis estudios, las que él también alcanzaba en su querido pueblo, ese que como dice en su canción: La Junta es un bello pueblo, a donde nació Diomedes, donde to' el mundo lo quiere, y me aclaman cuando llego”. Y todo se cumplió al pie de la letra.
Al quedarse callada musitando en su cerebro ese momento glorioso cuando contaba con 17 años, las letras también se escondieron y pasaron a segundo plano porque en su rostro se pintaba la felicidad en pasta.
De repente retrocedió el tiempo y comenzó a mirar las gráficas de su vida, vista desde el ángulo de su niñez, la cual su mamá Martina ‘La negra’ Sarmiento le contó en detalle.
“Los primeros regalos que me hizo mi papá, recién nacida, fueron una cadenita de oro que tenía una medallita con la imagen de la Virgen del Carmen, y un vestido de opal verde manzana con florecitas bordadas”.
Marena, observando el primer regalo que le hizo su padre.
De repente se puso de pie, entró a su cuarto y se apareció con el mencionado vestido que para ella es un tesoro de esos parecidos a la estrella de Belén, que nunca pasa de moda.
“El vestido lo guardó mi mamá, y cuando nació mi primera hija se lo puse. Ya se imagina la emoción de verla vestida como estuve yo”. Marena, no sabía si sonreír o llorar y este episodio era igual al encuentro del rio con el mar donde la fuerza se impone en medio del recorrido de las olas del recuerdo.
También señala la segunda hija de Diomedes Díaz, que cuando se graduó su aspiración era estudiar odontología, pero al poco tiempo a su boca llegó la palabra amor y no fue de dientes para afuera. Se casó con Bolívar Vega Ramírez, con quien ha tenido cuatro hijos: María Camila, José Bolívar, María Isabel y Carlos Julio.
Marena recuerda a su papá por el cariño y los detalles que frecuentemente le daba y más cuando le solía decir que la garganta ya le estaba dando plata.
Padre e hija, bachilleres de la promoción de 1993, en La Junta, La Guajira, siempre recordaban el acontecimiento de la graduación porque en sus mentes quedó enmarcada esa película llena de sentimientos y a la que no se le hizo un canto, sino que tuvo connotaciones de gloria, esa gloria que va directo al corazón.
Al final de la entrevista Martina ‘La negra’ Sarmiento, madre de Marena, le recordó que desde ese día era la dueña absoluta del trofeo que Diomedes se había ganado el 30 de abril de 1976 en el Noveno Festival de la Leyenda Vallenata  con la canción ‘Hijo agradecido’.
Ella, le agradeció a la autora de sus días y pidió escuchar la canción. En esas se quedó disfrutando de esa bella obra de ‘El Cacique de La Junta’, ese que dejó su canto, su fama y su sonrisa en el grado de bachiller.

Hijo Agradecido, la canción con la que Diomedes Díaz ganó el 
Festival del Fique, en La Junta, La Guajira, su tierra natal, en 1976.

martes, 15 de julio de 2014

JOE ARROYO y sus coros salsificados en La Virgen del Carmen y otros vallenatos - Incluye videos

Así lucía Joe Arroyo en 1978
Por: Juan Carlos Rueda Gómez
Crónica publicada en la Revista Latitud de El Heraldo en julio de 2012
Uno de los mejores álbumes en la historia de la música vallenata es Tierra de Cantores, por varias razones.  En primer lugar, casi todos los temas incluidos se convirtieron en grandes éxitos. Cómo si fuera poco, es quizá el único disco que contiene la primera versión de dos obras ganadoras del concurso de la Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Y no son de cualquier autor: La Profecía, de Julio Oñate Martínez, ganadora en 1977 y Río Badillo, ese inmortal himno al amor del inmolado Octavio Daza, triunfadora en 1978, año en que se grabó esta producción con la antigua compañía CBS, hoy Sony Music.
 Joe Arroyo con el autor de la crónica, en 1993
También incluye, además de la canción que le da título, de la autoría de Carlos Huertas, Dios no me deja, de Leandro Díaz,  El Gallo Fino, de Edilberto Daza, No me guardes Luto e Inmenso Amor, de Armando Zabaleta, La Querella, de Emiro Zuleta, Emma González, de Poncho Zuleta, e Isabel Martínez, que aparece con el crédito D.R.A. pero que es vox populi que la compuso Germán Serna, aunque muchos se la han adjudicado fraudulentamente.
Pero la canción de ese elepé que se ha vuelto un ícono popular es La Virgen del Carmen, preferida de los fieles de esta santa de la Iglesia Católica. Cada 16 de julio no hay emisora, picó, bus, caseta, cantina, corraleja, procesión o equipo de sonido casero en toda la Región Caribe, donde no suene a todo volumen.
Lo que muchos ignoran, incluidos muchos locutores y directores de emisoras de música vallenata, es el vínculo del Maestro Joe Arroyo con esta grabación, realizada a mediados de 1978 en los Estudios Ingesón, de la carrera 22 entre calles sexta y séptima de Bogotá. Estar vinculado a esa producción como manager y presentador del grupo de los Hermanos Zuleta, es uno de los mejores regalos que me ha dado la vida, por muchas cosas que sucedieron, algunas de las cuales no se pueden contar. 
Para esa época ya se estilaba que los coros no los grababan los coristas de base de los conjuntos sino que se invitaba a algún cantante exitoso, casi siempre Juan Piña o su hermano Carlos, el saxofonista, quien precisamente había aportado la primera voz en la anterior producción de los Hermanos Zuleta, El Cóndor Legendario. Poncho y Emilianito me ordenaron que llamara a alguno de los dos, que para entonces residían en Medellín y gozaban de gran popularidad con su orquesta La Revelación.
Pero no fue posible contar con ellos porque estaban de gira en Estados Unidos y no alcanzaban a llegar a tiempo para la grabación, por lo cual se me ocurrió, sin consultarles a ellos ni a los directivos de la disquera, llamar a Joe Arroyo, gracias a que Janeth Fuminaya, la esposa de Juan Piña me consiguió su número telefónico. Primero hablé con Adela, entonces esposa de Joe y al rato él me estaba llamando. Fue muy cordial y acordamos que se le pagarían veinte mil pesos, que serían sufragados por nosotros, además de la tarifa de la disquera, que para la época era de unos quinientos pesos por cada canal de voz o de instrumento que se grababa, lo cual sumaría cinco mil quinientos pesos por los once temas del disco para un total de veinticinco mil quinientos pesos, unos tres millones de hoy.
Le situé el tiquete en Medellín y esa misma noche Joe estaba en Bogotá. Su porte imponente, sus pintas coloridas, su caminar brioso y su afro perfectamente redondeado con el trinche que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón, despertaban curiosidad por donde pasaba, en la aún friolenta capital colombiana. La única habitación del Hotel Niágara, al que llamábamos “Hotel Salchiyuca” -porque todos los días servían lo mismo al desayuno en diferentes combinaciones-  donde estábamos alojados, que tenía una cama disponible era del maestro Armando Zabaleta, quien había viajado invitado por la disquera, al igual que Octavio Daza. Allí ubiqué a Joe pero después tuve que llevarlo a otra porque al maestro Zabaleta no le cuadraba mucho que el cantante llegara tan tarde, ya que después de las sesiones de grabación se iba de juerga con “El Pantera” García, el trombonista que había sido su compañero en la orquesta de Fruko y sus Tesos, y con otros músicos de la capital.
Cuando Poncho y Emilianito se enteraron de la presencia de Joe en Bogotá para grabar con nosotros, no ocultaron su disgusto, mejor dicho, me regañaron por esa arbitrariedad que yo había cometido. 
“¿Cómo se te ocurre llamar a ese hombre. Está bien que es cipote cantante pero de salsa, Juanka. Se te olvidó que lo que nosotros hacemos es vallenato… va lle na to: entendiste? Tú verás cómo haces pero ese tipo no va a grabar con nosotros, búscate otra primera voz”. Tuve que recurrir a los buenos oficios de José Sánchez, ingeniero de sonido, Armando Hernández y Jairo Negrete, coristas de base del conjunto y a otros compañeros para convencer a los hermanos Zuleta. Al fin lo aceptaron y el resultado lo conoce y lo disfruta hoy el público: ese sabor único y especial, inevitablemente impregnado de cadencias salseras, en perfecta armonía con la segunda voz de Armando Hernández, veterano ex integrante de Los Corraleros de Majagual. Al terminar, Poncho y Emiliano fueron los primeros en felicitar a Joe por el trabajo realizado y reconocieron que yo había acertado al llamarlo.
Ese coro de Río Badillo con las oes prologadas: “Si algún día peleamoooos por algún motivooooo”, o la síncopa presente en Isabel Martínez: “si te pregun…tan por la rutina, diles que esas son co…sasss de Chi…che Guerraaaaa” le dieron un toque singular a esa producción. Pero indudablemente el que más se cantará este fin de semana es el coro del merengue de Emilianito, La Virgen del Carmen: “Porque esa virgen divina para mi familia sí representa / el cariño más puro para mi mujer y pa’ toa mi raza”. Otro hecho curioso, que justifica el desconocimiento de este episodio por parte de la mayoría del público es que lamentablemente no pudimos poner su nombre en los créditos de la contra carátula, debido a que el contrato de exclusividad que lo ataba a Discos Fuentes no le permitía figurar en grabaciones de otras disqueras. Por ello solo aparecen Armando Hernández y Jairo Negrete. Yo, curiosamente, aparezco como Director Escénico, cargo que no existía ni existe en los conjuntos vallenatos.
De todas maneras, no es nada raro que Joe cantara bien el vallenato. A los 15 años, cuando aún se le conocía como Álvaro José Arroyo González, “El negrito del sabor”,  el maestro Rubén Darío Salcedo le dio su primera oportunidad cantando este género con su conjunto en Sincelejo, antes de ponerlo a cantar música tropical o salsa. Algo que la excesiva ficción y truculencia de la telenovela sobre su vida, impidió que se le contara al público televidente. Pero no es lo único que el maestro, hoy desaparecido, ha hecho acompañado de un acordeón. Hace algunos años grabó con Emilianito Zuleta el merengue Yo soy el Folklor, de la autoría de Luís Cujia, obra ganadora del concurso de la Canción Inédita en el festival de 1998 en Valledupar.
Estoy seguro de que miles de seguidores de Joe Arroyo van a prenderle una vela a la Virgen del Carmen, cantarán el merengue de los hermanos Zuleta  y le orarán por su eterno descanso. Gracias Maestro. Este es otro gran regalo que nos dejaste.


domingo, 22 de junio de 2014

Leandro Díaz, Canta como habla, habla como canta - Crónica y videos

Por: Juan Carlos Rueda Gómez 
El Maestro Leandro Leandro Díaz, en la década de 1940
Hace un año partió el Maestro Leandro Díaz. Lo recordamos con esta crónica escrita por nuestro director, publicada en 2011 en la Revista Latitud, de El Heraldo.
Escuchar al Maestro Leandro Díaz hablar, es tan delicioso y gratificante como oírle cantar sus canciones. Es una verdadera cajita de música. Esa forma tan especial de expresarse, con un léxico digno de un académico de la lengua; con una pronunciación perfecta, fluida, sin acento determinado, pero con el sabor y el saber del hombre Caribe, logran que todo el entorno se concentre en su voz bien timbrada, generalmente en tono fuerte, en razón de la acentuada sordera que viene padeciendo hace diez años.
Ivo Díaz, el hijo cantor del Maestro Leandro, 
además de ser su mejor intérprete, fue quien 
lo acompañó por el mundo en sus últimos años.
(Foto: Juan Carlos Rueda Gómez - El Heraldo)

www.arawakupar.com

Al preguntarle por sus primeros años de vida, esboza una sonrisa de niño tierno y levanta la cara como mirando desde dentro de sus ojos apagados hacia un pasado que recuerda vívidamente. Sus manos se acarician entre si, en un movimiento continuo, incesante, perpetuo, como leyendo en braille entre sus pliegues, cual si fueran las páginas del libro de su vida, los recuerdos, anécdotas y vivencias que nunca pudo escribir con lápiz sobre papel pero que están indelebles en su lúcida memoria octogenaria.
“Cuando niño, en la vereda Lagunita de la Sierra, de Hatonuevo, Guajira, yo la pasaba siempre solo, no tenía con quién conversar. Nadie hablaba conmigo porque, por mi condición de ciego, me creían inferior, me aislaban. Para los demás era casi un inútil.  Sólo una tía mía que de vez en cuando bajaba al pueblo, me cantaba una que otra canción, especialmente rancheras, que estaban de moda, y que ella se aprendía a medias.
Allá en la sierra no había radio ni  llegaban músicos. Pero yo me divertía a  mi manera. Hasta los veinte años sólo escuchaba el canto de los pájaros, el bramido del ganado, el canto de los gallos, el cacarear de las gallinas y el ladrido de los perros. Tal parece que esos sonidos me alimentaron el oído y el pensamiento.
Cuando llegaba alguien por allá, yo, en vez de ocultarme, le decía: yo sé cantar. Y le cantaba las canciones que me había enseñado mi tía.
Así fui llevando una vida muy dura, sin diversión alguna. Hasta que un día se me dio por hacer un verso que me quedó muy bueno. Se lo hice a una vecina que me insultó porque ella creía que yo estaba enamorado de su hija. Así que el insulto me sirvió para crear mi primera canción. Y eso me quedó gustando porque a varias mujeres que a lo largo de mi vida me han menospreciado por ciego, las he castigado con canciones irónicas. Tal es el caso de La Gordita, que me grabó Jorge Oñate con Juancho Rois. Esa dice así: 


La mujer que me desprecia
yo la castigo cantando
porque creo que maldecirla 
es algo de cobardía
sé que el día menos pensado
yo me salgo con la mía
y la he de encontrá arrepentía
sufriendo el haberme engañado

Tanto que vaciló la gordita
y nada quiso conmigo
ahora le tengo esta cancioncita
con esta la castigo

Ahora qué pensará la morena
cuando escuche mi canto
le quisiera gritar mala hembra
pero mejor me aguanto

Quiero matar la pena cantando
con otra muchachita
pero primero pongo la mano
no vaya a ser gordita

Obviamente, el Maestro Leandro hace el ademán de acariciar una silueta femenina, al tiempo que esboza una sonrisa pícara, de muchacho travieso, lo cual nos pone a pensar que la carencia de la visión no fue nunca una limitación, sobre todo a partir del momento en que entendió que tenía otras fortalezas que le permitirían disfrutar una vida intensa, especialmente abriéndose paso a punta de versos y melodías entre la maraña humana, casi siempre estigmatizadora y excluyente.
Ahora acompaña el movimiento de las manos con un vaivén de su cuerpo, cual mecedora, en contratiempo. Profundiza en su mundo de luz interior y continúa relatando emocionado.
“Después, a la edad de veinte años, me sacaron de Lagunita y me llevaron a la vereda de Tocaimo. Allí encontré acordeoneros y hallé gente que me escuchaba y valoraba lo que yo componía. Ahí comencé mi carrera en serio”.
Al hacerle notar que en el mismo año en que él nació, 1928, vinieron al mundo personajes tan disímiles como Ernesto “Che” Guevara, Andy Warhol, Carlos Fuentes, Noam Chomsky, Simón Díaz y Gabriel García Márquez, se fija especialmente en este último, cuyo cumpleaños es el 6 de marzo, dieciséis días después del suyo, que es el 20 de febrero.
Dos grandes maestro. Leandro y Gabo
“Lo admiro mucho por su gran obra. Él tiene la dicha de escribir para darle vida a su pensamiento. Yo, en cambio, tengo que narrar en tres minutos cada suceso pero le pongo melodía y ritmo, lo cual es mucho más difícil. Pero él y yo hacemos lo mismo.
Lo paradójico es que ni García Márquez ni yo sabíamos que existíamos. Pero el destino nos venía acercando poco a poco. Nos encontramos una vez en Valledupar, en una fiesta. Una amiga me dijo que había un escritor que estaba terminando un libro que tenía relación con una canción mía, “La diosa Coronada”. Y evidentemente, el epígrafe de la obra es un verso de esa canción mía : “En adelante van esos lugares, ya tienen su Diosa coronada'. Ese libro es El amor en los tiempos del cólera.


La Diosa Coronada, en una parranda de Gabriel García Márquez 
con Leandro Díaz y su hijo Ivo.
En esa fiesta hablamos bastante. Él quedó encantado de mí, y yo de él, porque nos comprendimos. García Márquez me dijo que le gustaba la canción y también me expresó que el único compositor que le cambió la expresión a la música vallenata fui yo, porque los demás compositores no narraban de esa forma. Él me pidió que le contara la historia de esa canción y con gustó se la narré: en la vereda de Tocaimo había una chica que se creía superior a todas porque los papás eran ganaderos, ella pretendía más que las otras. Yo quise ser su amigo, traté de serlo,  pero ella me despreciaba porque yo no tenía vista y eso para ella era algo que no le agradaba.  Pero yo seguía insistiendo a pesar de su negativa.
Leandro Díaz y su compadre Toño Salas
Una mañana me fui a la orilla del Río Tocaimo y allí me inspiré. Me puse a pensar: bueno, esta muchachita se cree una diosa, ¿qué estará creyendo ella, si es igual a las otras, ah? Después que terminé la canción y se la canté, entonces sí se convirtió en mi amiga. ¿Qué ironía, no?”
Leandro Díaz y Carlos Vives
Al preguntarle de dónde sacó términos tan elaborados como los que utiliza en esa obra, cuenta que él le pedía a un tío suyo que le leyera cuentos de hadas y novelas de la época, porque no quería quedarse en la ignorancia. Atesoraba cada relato y lo procesaba en su memoria para luego revertirlo en versos articulados con términos del acervo local y de la cotidianidad de sus paisanos.
Al analizar detenidamente la letra, cualquiera se da cuenta de las razones que tuvo el Nobel García Márquez para beber de esa fuente cuando escribió su gran novela. Y también produce tristeza recordar el bodrio de telenovela que se hizo con la visión interiorana de nuestra idiosincrasia musical:
Señores vengo a contarles
hay nuevo encanto en la sabana
en adelanto van estos lugares
ya tienen su diosa coronada
la vida tiene buen adelanto 
ya tiene diosa de los encantos 
y tiene su corona de reina 
lo bello está aquí en el Magdalena 

Paso a contar lo siguiente 
conozco diosa y rey querido 
Ese nombre de diosa es de gente 
que tenga su grado distinguido 
que viva el mismo movimiento 
y que tenga el mismo pensamiento 
que viva alegre en la sabana 
ya tiene su diosa coronada 
que canta el pobre Leandro Díaz 
triste por la serranía 

Cuando el rey querido llega 
de tarde a la serranía 
hay que ponerle gallina rellena 
que el rey es fino madre mía  
le pones la mesa bien servida 
tú sabes que el rey es gente fina 
le pones un gran arroz volado 
que coma el rey considerado 

Cuando el rey llega de tarde 
que mira el jardín florecido 
cuando la diosa mueve el caderaje 
se pone el rey más engreído 
y llega la mira con anhelo 
y dice gracias le doy al cielo 
que viva alegre en la sabana 
ya tiene su diosa coronada 
y canta el pobre Leandro Díaz 
triste por la serranía
Leandro Díaz y el monumento que
le erigieron en San Diego, Cesar







viernes, 23 de mayo de 2014

"A Diomedes, sus fanáticos le perdonaban todo": Óscar Montes

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El autor, Óscar Montes y el anfitrión, Heriberto Fiorillo

“A Diomedes, sus fanáticos le perdonaba todo: donde la justicia veía un prófugo, ellos veían un perseguido; donde la justicia veía un culpable, ellos consideraban que era un inocente”. 

Esta fue una de las frases de Óscar Montes, autor del libro Diomedes Díaz, Vivir más no pude, que más llamó la atención en el lanzamiento de la obra, realizado el jueves 22 de mayo de 2014 en el Restaurante La Cueva, que se quedó pequeño para la gran cantidad de periodistas, personajes del mundo cultural y autoridades que asistieron, invitados por Editorial Planeta.


El gobernador del Atlántico, José Segebre 
y el Director de El Heraldo, Marco Schwartz


En una charla muy caribe y por ende muy amena, el anfitrión, Heriberto Fiorillo, demostró que, no solo había leído el libro sino que hizo una delicada disección, pieza por pieza: que se lo gozó de principio a fin y prácticamente logró en el conversatorio una especie reescritura oral del texto de Montes, matizándolo con apuntes y cuestionamientos a ciertos apartes, a los que el autor respondió con solvencia, generando en los asistentes un mayor interés por la lectura de este trabajo que ha acaparado la atención, no solo de los medios sino del público en general.
Rosario Borrero, Jefe de redacción de El Heraldo,


Esta narración, que Óscar Montes, reconocido periodista de temas políticos, sobretitula como “Historia íntima de sus excesos”, comienza con un cruento episodio ocurrido en el corregimiento de Las Flores, Guajira, el sábado 5 de agosto de 1978 en la caseta Salsipuedes, de la que Diomedes, Juancho Rois y los músicos del conjunto, además de las tres mil personas que asistieron, casi no pueden salir con vida, suerte que no logró Lisímaco Peralta, capo del narcotráfico que tuve la noche más pletórica de su vida porque era el centro de atención ya que el hit vallenato del momento era lluvia de verano, canción compuesta por Hernando Marín Lacouture, y grabada por Diomedes y Juancho en el disco La Locura, que hacía honor a su nombre por las pasiones que despertaba en los seguidores de estos dos jóvenes intérpretes.
Claudia Villarreal, de Blu radio y la alcaldesa de Barranquilla, 
Elsa Noguera, con un grupo de amigos.

La obra de Montes está llena de anécdotas y sucesos, algunos pintorescos, otros tristes,  que logran dibujar en gran medida la intensa vida de El Cacique de La Junta y con seguridad llenará las expectativas de los lectores, especialmente de sus innumerables fanáticos, , que con toda seguridad pedirán un segundo, y hasta un tercer tomo. 
La dedicatoria del autor para 
el editor-director de Estamos en movimiento

Porque si alguien dio de qué hablar y escribir en este país, fue este cantautor vallenato, prematuramente fallecido.


Juddy Hazbum, Gabo, Edgard García Ochoa, 
Flash; Roy Pérez e Indira Amarí.

Nira Figueroa turcios con Rafael Sarmiento Colley y Sara, 
una belleza italiana

El filósofo y escritor Numas Armando Gil

El empresario, político y vallenatólogo 
Eugenio Díaz Peris, con su esposa y Óscar Montes

El cantante José Luis Morrón, con el libro
 y un afiche en homenaje a Diomedes Díaz.

El periodista radial Alexander Lewis 
con la locutora Gerogina Salazar



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